A continuación presentamos el inicio de cada obra de Jane Austen. No es que sean los mejores párrafos, pero por algo se empieza...

 

Sentido y Sensibilidad

"La familia Dashwood llevaba mucho tiempo asentada en Sussex. Poseían una gran hacienda, y residían en Norland Park, en el centro de sus propiedades, donde habían vivido durante muchas generaciones de una manera tan respetable que, en general, se habían ganado la consideración de sus conocidos de la vecindad. El último propietario de estas tierras fue un hombre soltero, que vivió hasta una edad muy avanzada, y que durante gran parte de su vida tuvo en su hermana una constante compañera y ama de casa. Pero la muerte de ésta, que acaeció diez años antes de la suya propia, trajo consigo grandes cambios; pues, para llenar su vacío, el caballero invitó y recibió en la casa a la familia de su sobrino, el señor Henry Dashwood, el legítimo heredero de las tierras de Norland, y la persona a quien tenía intención de legarlas. En compañía de su sobrino y sobrina, y de los hijos de éstos, pasó agradablemente sus días el venerable anciano. Creció su apego a todos ellos. La atención constante que Henry Dashwood y su esposa dedicaban a sus deseos, no meramente por interés, sino por bondad natural, le dispensó en todos los aspectos la estable comodidad que a su edad podía recibir; y la alegría de los niños le hizo tomar gusto a su existencia."

 

Orgullo y Prejuicio

"Se da por descontado en todas partes que si un hombre está soltero, y además es rico, debe de buscar una esposa lo antes posible.
Y pese a que nadie puede conocer los pensamientos al respecto de un hombre en semejantes circunstancias, cuando se avecinda en algún punto, influye tanto la verdad universal antes mencionada en el ánimo de las familias del barrio, que todo el mundo lo considera como indiscutible propiedad de alguna de sus hijas."

 

Mansfield Park

"Hará cosa de treinta años, miss María Ward, de Huntingdon, con una dote de siete mil libras nada más, tuvo la buena fortuna de cautivar a sir Thomas Bertram, de Mansfield Park, condado de Northampton, viéndose así elevada al rango de baronesa, con todas las comodidades y consecuencias que entraña el disponer de una hermosa casa y una crecida renta. Todo Huntingdon se hizo lenguas de lo magníficamente bien que se casaba, y hasta su propio tío, el abogado, admitió que ella se encontraba en inferioridad por una diferencia de tres mil libras cuando menos, en relación con toda niña casadera que pudiera justamente aspirar a un partido como aquél. Tenía dos hermanas que bien podrían beneficiarse de su encumbramiento; y aquellos de sus conocidos que consideraban a miss Ward ya miss Frances tan hermosas como miss María no tenían reparos en predecirles un casamiento casi tan ventajoso como el suyo. Pero en el mundo no existen ciertamente tantos hombres de gran fortuna como lindas mujeres que los merezcan. Miss Ward, al cabo de seis años, se vio obligada a casarse con el reverendo Mr. Norris, amigo de su cuñado y hombre que apenas si disponía de algunos bienes particulares; y a miss Frances le fue todavía peor. El enlace de miss Ward, llegado el caso, no puede decirse que fuera tan despreciable; sir Thomas tuvo ocasión, afortunadamente, de proporcionar a su amigo una renta con los beneficios eclesiásticos de Mansfield; y el matrimonio Norris emprendió su carrera de felicidad conyugal con poco menos de mil libras al año. Pero miss Frances se casó, según expresión vulgar, para fastidiar a su familia; y al decidirse por un teniente de marina sin educación, fortuna ni relación, lo consiguió plenamente. Difícilmente hubiese podido hacer una elección más desastrosa."

 

Emma

"Emma Woodhouse, bella, inteligente y rica, con un hogar agradable y un temperamento feliz, parecía reunir muchas de las mejores bendiciones de la vida; llevaba viviendo cerca de veintiún años en este mundo sin nada apenas que la agitara o la molestara. Era la menor de las dos hijas de un padre cariñoso y tolerante, y, a consecuencia del matrimonio de su hermana, llevaba mucho tiempo como señora de la casa de su padre. La madre había muerto también hacía demasiado tiempo como para que ella conservara más que un confuso recuerdo de sus caricias: su lugar había sido ocupado por una institutriz, mujer excelente, a quien le faltaba muy poco del cariño de una madre. Dieciséis años llevaba la señorita Taylor en la familia del señor Woodhouse, menos como institutriz que como amiga, muy encariñada con las dos hijas, pero especialmente con Emma. Entre ellas había más bien la intimidad de unas hermanas. Aun antes de que la señorita Taylor dejara de ejercer el cargo nominal de institutriz, la bondad de su carácter apenas le consentía imponer ninguna restricción; y ahora que su sombra de autoridad había acabado hacía mucho, vivían juntas como amigas muy unidas, haciendo Emma lo que se le antojaba, con una elevada estimación del juicio de la señorita Taylor, pero guiándose principalmente por el suyo."

 

La abadía de Northanger

"Nadie que hubiera visto a Catherine Morland en su infancia habría podido imaginar nunca que estaba llamada a ser una heroína. Su posición social, el carácter de sus progenitores, su propio físico y su manera de ser se confabulaban en igual medida contra ella. Su padre, pastor protestante, no era una persona abandonada ni pobre, sino muy respetable, si bien se llamaba Richard;* y no había sido nunca excesivamente bien parecido. Gozaba de una considerable holgura económica, aparte de dos sustanciosos beneficios eclesiásticos, y no era nada dado a encerrar a sus hijas en casa. Su madre era una mujer dotada de un sencillo sentido práctico, de buen carácter y, lo que es más importante, de una constitución sana. Antes de nacer Catherine había tenido tres hijos y, en lugar de morir de parto al traerla al mundo, como podía esperarse, siguió viviendo, tuvo otros seis más y los vio crecer a su alrededor disfrutando ella misma de una salud de hierro."

* Señala la editora que se trata de una broma familiar. «La boda del señor Richard Harvey queda aplazada hasta que el novio se cambie el nombre de pila por otro mejor...», comenta Jane Austen en una de sus cartas. (N. del T.)

 

Persuasión

"Sir Walter Elliot, de Kellynch Hall, Somersetshire, era un hombre que jamás cogía para distraerse otro libro que el baronetario; allí encontraba ocupación para las horas muertas y consuelo para las de abatimiento; allí se le despertaban la admiración y el respeto, repasando lo poco que quedaba de los antiguos privilegios; allí cualquier malhumor derivado de problemas domésticos se le tomaba compasión o desdén de manera natural, hojeando el número casi interminable de títulos del último siglo... y allí, cuando las demás páginas no le servían, podía leer su propia historia con un interés que jamás le decaía. Ésta era la página por la que se abría siempre el libro predilecto: ELLIOT DE KELLYNCH HALL Walter Elliot, nacido el 1 de marzo de 1760, casado el 15 de julio de 1784 con Elizabeth, hija del Sr. James Stevenson, de South Park, condado de Gloucester; esta dama (fallecida en 1800) le ha dado los siguientes hijos: Elizabeth, nacida el 1 de junio de 1785; Anne, nacida el 9 de agosto de 1787; un hijo mortinato, nacido el 5 de noviembre de 1789; Mary, nacida el 20 de noviembre de 1791."

 

Sanditon

"Un señor y su esposa que se dirigían de Tonbridge hacia esa parte de la costa de Sussex que hay entre Hastings y Eastbourne, inducidos por sus intereses a dejar el camino real y meterse por un camino abrupto, volcaron cuando subían penosamente la larga cuesta mitad piedra, mitad arena. El accidente ocurrió justo después de pasar la única casa señorial cercana al camino: casa que el cochero, al indicársele que fuese en esa dirección, había supuesto que era su destino, y tuvo que dejar atrás claramente contrariado. Había gruñido y se había encogido de hombros tantas veces, y había compadecido y sujetado a los caballos con tal brusquedad, que hubiera podido sospecharse que volcó a propósito (sobre todo teniendo en cuenta que el carruaje no era de su amo), si no fuera porque el camino empeoraba aún más a partir de las últimas dependencias de dicha casa... poniendo de manifiesto de manera más que elocuente que desde ese punto no había otras ruedas capaces de seguir con seguridad que las de carro. La lentitud de la marcha y la estrechez del carril impidieron que la caída fuera grave; y una vez que el caballero trepó y ayudó a su compañera, comprobaron que ni uno ni otro habían sufrido más que la sacudida y alguna contusión."

 

Lady Susan

"CARTA 1

Lady Susan Vernon al señor Vernon

 Langford, diciembre

Mi querido hermano: No renunciaré por más tiempo al placer de aceptar la amable invitación que me hicisteis la última vez que nos vimos para pasar unas semanas en Churchill, por lo que, si no resulta un trastorno para vos y para vuestra esposa el recibirme en estas fechas, espero tener la oportunidad de conocer en breve a una hermana con la que llevo tanto tiempo deseando intimar. A pesar de que mis amables amigos insisten en que prolongue mi estancia entre ellos, su naturaleza hospitalaria y alegre los empuja a llevar una vida social demasiado intensa para mí en las presentes circunstancias. No sabéis con cuánta impaciencia espero el momento de llegar a vuestro hermoso lugar de retiro; deseo que vuestros pequeños me conozcan y aprendan a quererme..."

 

Los Watson

"En D., una pequeña ciudad de Surrey, iba a celebrarse el martes trece de octubre el primer baile del invierno, y sus habitantes esperaban que constituyera todo un éxito. De forma confidencial, se corrió la voz de que asistiría una larga lista de elegantes familias de los alrededores y se abrigó la esperanza de que incluso los Osborne hicieran acto de presencia. Los Watson no tardaron en recibir una invitación de los Edwards. Estos últimos eran gente adinerada que vivía en D. y tenía su propio carruaje; los primeros habitaban en un pequeño pueblo a cinco kilómetros de distancia, eran pobres y carecían de un vehículo cubierto. Durante los meses de invierno, siempre que había alguna celebración en el lugar, los Edwards acostumbraban a invitar a sus amigos a vestirse de gala, cenar y pasar la noche en su casa. En aquella ocasión, como únicamente había dos hijas del señor Watson en el hogar familiar y alguien debía quedarse con su padre, viudo y enfermo, sólo una de las jóvenes podría disfrutar de la amabilidad de sus vecinos."

 

Amor y Amistad

"PRIMERA CARTA

De Isabel a Laura

Cuántas veces, como respuesta a mis repetidos intentos de que hicieras a mi Hija un detallado relato de las Aventuras y Desventuras de tu Vida, me has contestado: «No, amiga mía, nunca atenderé a tu petición; no, hasta que no me encuentre libre del Peligro de verme expuesta una vez más a experimentar tales horrores» . Estoy convencida de que ese momento ha llegado. Hoy cumples 55 años. Si alguna vez puede decirse que una mujer está a salvo de la firme Perseverancia de desagradables Amantes y de la cruel Persecución de Padres obstinados, es sin duda en ese momento de su Vida."